


Recorriendo Valparaíso, un domingo de primavera.
¿Qué mejor que disfrutar un domingo con la persona
amada?
Valparaíso, nos regaló una tarde hermosa e inolvidable.
Pretendo compartir una mirada a mi aldea, a la ciudad puerto de Valparaíso, anclada en un mágico recodo del Pacífico sur. Volcar la crónica natural que bulle en sus calles empinadas, en su gente que baja en puntillas a caminar frente al mar. Simplemente amado, sin explicar porqué, aquí está Valparaíso, creciendo hacia arriba, como decía Neruda.
Nunca me gustó
ir a los cementerios
Cuando lo hacía
la vida rebasaba mis ojos
Se prendía a la piel pálida
de las mujeres de negro
en encabritado deseo
que hasta juzgué sacrílego
Me horrorizaba
el campo de lápidas
y la flor agonizando
Siempre quise salir ligero
Prenderme al viento
y soñar frenético
con dos viudas dolidas
Sí,
nunca me gustó ir a los cementerios
Pero eran escala obligada
de las quintas de recreo
Cuando suene la sirena de mi turno
-voy a quejarme por anticipado-
mo se les ocurra archivarme
en un frío ambiente de soltero
No me torturen
con el agua mustia
que dejará vuestro olvido
Ahórrense la visita formal
los primeros de noviembre
Déjenme zarpar sereno
hasta el litoral del limbo
Déjenme recalar sin prisa
allí donde me envíe